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La meta (de las unidades TIC de la Administración), y cómo alcanzarla

Martes, 30 abril, 2013

la metaInteresantísimo el artículo de Daniel Gómez Hidalgo, “La Meta”, analizando algunas de las actividades y formas de operar de las unidades TIC de las Administraciones desde el punto de vista del libro de Eliyahu Godratt del mismo título.

Este artículo empezó por ser un comentario en el blog de Dani, pero viendo que la cosa iba para largo, decidí convertirlo en un post propio para mayor claridad.

En efecto, el libro “La Meta” describe de forma novelada las dificultades con las que se encuentra el gerente de una fábrica, al que le dan tres meses de plazo para conseguir que la fabrica consiga sacar adelante la producción requerida por el negocio, a pesar de una reciente tanda de despidos acompañada de la reducción de jornada. La alternativa, en caso de no conseguirlo, es el cierre de la fábrica.

El paralelismo, en muchos aspectos, entre la situación descrita en “La Meta” y la situación actual en las unidades TIC de la Administración, es evidente. En una reunión de Dirección,  Peach, el Vicepresidente de la División, está diciendo:

 «… es imperativo que minimicemos el riesgo relativo… aceptable en nuestra presente situación de mercado…, sin reducir los gastos estratégicos… requieren sacrificios… aumentos de productividad en cada puesto de trabajo…»

«… y la respuesta es evidente —continúa Peach—, el futuro de este negocio depende de nuestra habilidad para aumentar la productividad.»

A los que aún no hayan leído el libro y lo quieran hacer, les sugiero dejar la lectura de esta artículo ahora, pues voy a desvelar el meollo de algunas cuestiones nucleares del mismo. Para el resto, vamos a ello.

El libro trata en realidad de dos asuntos:

  • Cuál es verdaderamente “la meta”
  • Cómo llegar a ella

En realidad, ambas cuestiones están relacionadas. Ya que el primer problema surge porque suele creerse que la meta es otra distinta de la que realmente és. Y los intentos para alcanzarla van pues en la dirección equivocada. Por ello, el resultado de los esfuerzos, siempre bien intencionados, es el fracaso.

En el ejemplo del libro, una fábrica que elabora algún tipo de material o equipos, parece sobreentenderse que el objetivo es “aumentar la productividad”, a pesar de los recientes recortes, sobre todo en personal y mano de obra. Para compensar estos recortes, se han adquirido robots, los cuales, nominalmente, suponen un aumento importante de la productividad, con unas cifras que rondan entre el 30% y el 40%. Sin embargo, y analizando más la situación, resulta que esos aumentos de productividad “locales” en las secciones donde se han instalado los robots, no han supuesto un aumento de productividad “global” en la fábrica. En realidad, la fábrica funciona igual o peor que antes de la instalación de los robots.

La respuesta a esta aparente contradicción reside en que el objetivo de la fábrica no es maximizar la productividad (normalmente definida como el número de unidades de salida dividido por los recursos empleados para conseguirlas), sino maximizar los resultados, los cuales se consiguen maximizando la siguiente ecuación:

Resultados (beneficio neto) = Ingresos netos (ingresos brutos-coste de las materias primas) / inventario * costes operativos

Es decir, que los resultados serán mejores cuanto mayores sean los ingresos netos, cuanto menores sean los costes operativos, y cuanto menor sea el inventario.

De ahí se deduce que un supuesto objetivo “bueno” que es aumentar la producción, lo cual genera un aumento de la productividad (mas unidades fabricadas con el mismo coste) es en realidad malo, si esa producción no se “vende”, pues se convierte en inventario, el cual en lugar de beneficios, genera costes. Lo que es más, si algunas de las unidades productivas se convierten en “óptimos locales”, es decir, fabrican muchas piezas, pero que la siguiente etapa no es capaz de absorber, también generan inventario y por lo tanto la productividad local es opuesta y contraproducente para lograr la productividad global.

Todo esto, si no me equivoco, es la teoría del “lean manufacturing” que tiene, como no podría ser menos, orígenes orientales (Caso Toyota) ya que está basada en el equilibrio (Ying-Yang) a lo largo de todo el proceso productivo.

Una vez que entendemos que el verdadero objetivo es global y no local, que es globalmente donde debemos maximizar el rendimiento y resultados, el siguiente paso es la optimización: ¿cómo logramos maximizar los resultados globales?.

Para ello, el sistema propuesto es localizar los cuellos de botella, es decir, los puntos donde se acumula el inventario en su entrada, que normalmente son la salida de las unidades con mayor rendimiento o productividad. Para equilibrar el sistema y optimizarlo, no basta con reducir la producción de estos puntos de máximo rendimiento, sino que además hay que trasladar recursos de estos puntos “sobrantes” a los cuellos de botella. De este modo al aumentar el rendimiento de los cuellos de botella, se obtiene como efecto directo la reducción de inventario, y como efecto indirecto la optimización de todo el proceso, lo cual, además de la reducción de costes, lleva a la reducción de los plazos de fabricación y entrega de los productos.

Como podemos ver, los aspectos esenciales de todo ello son:

  • Entender correctamente el objetivo como global y no local. El esfuerzo local puede empeorar los resultados globales.
  • Las soluciones no son aumentar los recortes o pedir más esfuerzos a la gente. Las soluciones son organizativas.

El lean manufacturing aplicado a las unidades TIC de la Administración. Definiendo la meta.

A partir de aquí, Daniel Gómez-Hidalgo hace el notable esfuerzo de aplicar estos principios a una unidad de Desarrollo de Aplicaciones de la Administración. Yo haré el mío propio, no sin antes advertir que es simplemente otro punto de vista, a partir del iniciado por Dani, sin ánimo de polemizar sino de enriquecer.

La aplicación del Lean Manufacturing a las unidades TIC no es descabellado ni nuevo, y hasta tiene su propio nombre: Lean IT. El enfoque Lean es visto hoy día no como una opción sino como uno de los principales enfoques a aplicar para sacar adelante cualquier unidad o negocio TIC hoy en día. El paralelismo nos permite hacer una sencilla asociación, como dice Wikipedia (traducido por mí del inglés):

…mientras que la función de producción fabrica bienes de valor para los clientes, la unidad de TI “fabrica” servicios de negocio de valor para la organización a la que pertenece y sus clientes. Al igual que en la fabricación, el desarrollo de servicios de negocio implica la gestión de recursos, gestión de la demanda, control de calidad, control de la seguridad, etc.

Aquí es importante entender que el “valor” del producto o servicio no lo define el fabricante o proveedor, lo define el cliente. A la hora de definir el verdadero valor de nuestro producto o servicio, por lo tanto, será el cliente el que diga cuánto está dispuesto a pagar por ello. Este es un factor común entre las metodologías y catálogos de buenas prácticas al uso como Six Sigma, ITIL, etc.

Así pues, el cliente es el que “paga”. Hay una importante distinción entre cliente y usuario, ya que usuario es el que usa el producto o servicio, pero en ocasiones, sobre todo cuando hablamos no de personas sino de organizaciones, el que paga y el que usa pueden no ser el mismo.

En el caso de la Administración, estas definiciones pueden no estar tan claras como en el caso de una empresa comercial. Argumenta Dani, que:

Obviamente a diferencia del libro, donde es una empresa la que se analiza, la meta de la Administración Pública no es el dinero o al menos no debería serlo, sino que es prestar cada vez mejores servicios al ciudadano y a las empresas, a la vez que optimizar el uso de los recursos públicos, creados y mantenidos con los impuestos de aquellos.

Sin embargo, el concepto de “entrega de valor” sí es igualmente aplicable a las organizaciones públicas y privadas. La diferencia es cómo lo medimos. En una empresa, a través de las ventas, las cuales son reflejo de cuántas personas están dispuestas a pagar una cierta cantidad de dinero por nuestros bienes y servicios. Pero, ¿y en una Administración?.

Pues depende. Evidentemente, la definición concreta va a depender del tipo de organismo y de su función o funciones hacia la sociedad. Pero en muchos casos se pueden hacer aproximaciones plausibles. En el caso de organismos que reciben algún tipo de ingresos, via impuestos o tasas, los resultados pueden incluir en su formulación el factor económico, no asociado al concepto de ventas, pero sí de ingresos, los cuales pueden ser función de la forma y calidad de los servicios existentes para conseguirlos, y cuando hablamos de TIC, de los ingresos obtenidos a través de trámites realizados por vía electrónica. Esto es aplicable al conjunto de unidades u organismos dedicados por ejemplo a la gestión de impuestos (AEAT), gestión de sanciones (DGT), y también a las unidades que reciben ingresos por la prestación de servicios en forma de tasas (SETSI, OEPM, etc.).

¿Y para el resto?. Pues igualmente podemos asignar un valor unitario al trámite en función del valor para el cliente (ciudadano o empresa) que lo utiliza, y multiplicarlo por el número de veces que ese trámite es usado, lo cual nos da un valor económico “virtual” de nuestro producto o servicio. Ya sé que es dificil y aventurado asignar ese valor “unitario” al trámite en una situación que no es de libre mercado. Sin embargo, se han hecho intentos, como por ejemplo la atribución de un ahorro de alrededor de 80 euros (para el ciudadano o empresa) por cada trámite electrónico en lugar del trámite presencial, lo cual podemos usar como punto de partida.

En el caso de los servicios internos, es decir, aquellos que proporcionan las unidades TIC hacia el interior de su organización, o el de los servicios de intermediación hacia otras administraciones, quizás es aún más complicado calcular el valor de estos servicios. Sin embargo, es un ejercicio que debemos hacer. Según los casos, podemos adoptar unas técnicas u otras, pero una sencilla que se me ocurre es hacer una estimación del daño (convertido a euros) que supondría para la organización la detención del servicio, para una unidad de tiempo dada, dividido por el número de utilizaciones de ese servicio que se realiza en esa misma unidad de tiempo.

Así por ejemplo, podemos estimar el daño que se produciría para un Ministerio la paralización derivada del sistema de correo electrónico durante una semana, dividido por el número de usuarios de ese Ministerio que tienen buzón de correo electrónico, y por el número medio de veces que acceden al correo, cada uno de ellos, en el plazo de una semana. Eso nos daría una estimación económica del valor unitario del servicio de correo electrónico para la organización.

Puede parecer que las cifras sean muy ficticias o descabelladas, pero no olvidemos que el objetivo no es tener un valor operativo real, sino un valor de referencia que nos permita la optimización de resultados, y por lo tanto, del proceso realizado para conseguirlos.

En mi opinión, no son buenas métricas de resultados parámetros como las encuestas de satisfacción de los usuarios, ya que por un lado los usuarios no son el cliente (por ejemplo, los usuarios de una aplicación de contabilidad pueden estar en varios departamentos. El cliente sería, en primera instancia, el jefe de la unidad de contabilidad) y por otro lado los resultados dependen también del número de usuarios y del número de veces que se utiliza la aplicación o servicio, los cuales no quedan adecuadamente reflejados en las encuestas de opinión.

Ello no quiere decir que no sea importante contar con los usuarios a la hora de diseñar aplicaciones o servicios. Al contrario, es esencial, pero con la vista puesta en conseguir el máximo valor para el negocio. Para ello, en primer lugar se debe contar con los usuarios y el cliente desde las fases iniciales de definición del proyecto, asegurando que cumple sus expectativas y necesidades para la realización de sus funciones. En segundo lugar, debe hacerse un análisis de necesidades y de la capacidad necesaria para definir el servicio. En tercer lugar hay que analizar los marcos temporales y económicos existentes. No hay nada peor que incumplir los plazos o gastar el doble del presupuesto previsto, pues ello repercute directamente en el valor entregado. En cuarto lugar, debe haber un control de calidad de los productos en todas las fases del proyecto, pero especialmente en los momentos de la entrega del producto o servicio y su entrada en explotación. Y ya por último, todo lo anterior será mucho más fácil y eficaz gracias a la aplicación de alguna de las metodologías de gestión de proyectos o servicios TI existentes.

Optimizando las unidades TIC

Hemos visto por lo tanto que uno de los primeros objetivos a la hora de gestionar las unidades TI de la Administración es definir lo mejor posible los resultados esperados en términos de valor para el negocio y los clientes del mismo. Esto es obviamente difícil y en cada caso particular requerirá un esfuerzo dirigido a las características de la organización a la que pertenecemos, los servicios que ofrece, y los recursos de los que disponemos, así como de la estructura organizativa existente.

A continuación, y siguiendo las recomendaciones del Lean Manufacturing, procederemos a optimizar nuestro funcionamiento, buscando para ello dos elementos esenciales: los cuellos de botella, y los excesos de inventario.

Los cuellos de botella son identificables por dos síntomas, uno es que es donde se producen los mayores retrasos en la entrega de los servicios, y por lo tanto los que están sometidos a mayor presión, y otro porque es donde se acumulan los excesos de inventario a su entrada.

Así por ejemplo, en una subdivisión clásica de una unidad TIC entre Sistemas y Desarrollo, los cuellos de botella pueden encontrarse, en el punto donde los productos preparados por Desarrollo pasan al servicio de Explotación. Esto puede suceder porque los responsables de una y otra unidades son diferentes, y como tal, el responsable de los Desarrollos tiene como objetivo (óptimo local) la entrega de su programa a explotación, y por lo tanto maximiza su trabajo para realizar las entregas lo antes posible. Pero cuando hay varios proyectos en marcha y coinciden las entregas de todos ellos a la vez en los servicios de Sistemas, puede suceder que no sea posible atenderlos a todos, y por lo tanto se forma una cola de pasos a explotación y se genera un exceso de inventarios en forma de versiones de aplicaciones esperando ser pasadas a explotación.

En esta situación es muy fácil al responsable de Desarrollo (que está normalmente más cerca de los usuarios de negocio) echar la culpa de los retrasos al responsable de Sistemas, lo cual no sólo no mejora la situación sino que la empeora, al crear una presión añadida sobre el departamento de Sistemas, el cual no tiene forma por si mismo de mejorar la situación.

La situación puede llegar a ser aún peor, si como consecuencia de las “urgencias” o la presión de los usuarios de negocio, las entregas de versiones se aceleran, para lo cual se eliminan los controles de calidad y las pruebas necesarias antes de cada entrega. De ese modo, se generan aún más entregas (más trabajo para el colapsado servicio de Sistemas) y los productos de baja calidad entregados, además de funcionar mal y dar un mal servicio al usuario, generan trabajo adicional como consecuencia de las inevitables versiones nuevas para corregir los errores de las anteriores versiones.

¿Qué podemos hacer para optimizar la unidad TIC?

Una primera acción es equilibrar los departamentos, desviando recursos desde el lugar donde “sobran”, es decir, donde se genera el exceso de producción, al lugar donde “faltan”, y de este modo agilizando el cuello de botella. Esto no siempre es fácil, en primer lugar por la especialización requerida, que puede que no sea igual en Desarrollo y en Sistemas, y en segundo lugar como consecuencia de la “mala fama” que ha adquirido el cuello de botella: un lugar donde se trabaja mucho y donde se reciben todos los “palos”. ¿Quién iba a querer ir a un sitio así?.

Por lo tanto es necesario adoptar otras medidas. Como hemos visto, una de las causas del embotellamiento es la mala calidad de las entregas, por lo que es buena idea el establecimiento de un Servicio de Calidad, dotado de su propio entorno (“preproducción”) donde pruebe las entregas, y con la potestad de validar, o rechazar, éstas, en funcion de determinados parámetros de funcionamiento. Esto es válido, no lo olvidemos, tanto para los equipos de desarrollo “propios” como para aquellos contratados externamente ad-hoc para un proyecto determinado.

La coordinación entre proyectos también es un factor clave. Para evitar el efecto “todos a la vez” lo ideal es que las entregas se planifiquen coordinadamente con suficiente antelación, y sobre todo que se coordinen con el departamento de Sistemas ANTES de comprometer las fechas de las entregas con el usuario.

Todo ello, como lo anterior, son funciones que idealmente debe desarrollar una unidad especializada, que además de las funciones de control de calidad desempeñe funciones de control de proyectos y gestión de la arquitectura. Una oficina de proyectos es el mejor medio conocido para implantar todas o una parte de estas funciones. Asociado a la Oficina de Proyectos, es necesaria la adopción de estándares y metodologías de valor probado que no sólo mejoren el funcionamiento sino que otorguen indicadores de negocio y cuadro de mandos (Balanced Scorecard)

¿Una unidad TIC idílica?

Soy perfectamente consciente de que todo lo anterior se puede llevar a cabo en condiciones idílicas, pero la situación real en las unidades TIC de la Administración puede ser muy diferente, desigual en algunos casos, bastante difícil en otros.

Una dificultad evidente puede ser la diferencia entre las visiones de “valor” para el negocio arriba expresadas y las del mismo concepto en manos de los diversos directivos o jefes de unidades no TIC, y por lo tanto, la dificultad de llegar a un acuerdo que permita trabajar a todos en pos de un objetivo común.

Un segundo problema es la situación de recortes y ajuste sostenido en la que llevamos ya varios años, lo que dificulta aún más la adopción de medidas transformadoras. Sin embargo, la alternativa a transformar es sencillamente aceptar la degradación progresiva de los servicios. Esto debe estar muy claro como palanca para obtener el apoyo de la Dirección en pos de realizar los análisis y adoptar las medidas necesarias.

Para rematar este larguísimo artículo, que seguramente daría casi para escribir un libro, algunas ideas resumen y de concepto:

Esto es lo que entiendo yo por una unidad TIC de la Administración:

El objetivo de una unidad TIC de la Administración debe ser la entrega de servicios TI a la organización a la que pertenece, y a la sociedad (ciudadanos y empresas) y a otras Administraciones, definidos según las necesidades, funciones e instrucciones directas de la dirección del organismo al que pertenece, así como de la legislación aplicable, con el objetivo de maximizar el valor de los servicios entregados a su propia organización, y aquellas de las que ésta depende, al resto de Administraciones, y a toda la sociedad, optimizando para ello los recursos disponibles, tanto materiales como organizativos.

Así pues, hasta donde se me alcanza, el objetivo es la entrega de servicios TI, y para ello contará con recursos propios, como unidades de producción en el ámbito de Sistemas o Desarrollo, unidades de coordinación y gestión de proyectos, arquitectura, calidad y seguridad, y recursos externos o contratados, para lo cual son necesarias también unidades de contratación y gestión económica y presupuestaria y unidades o servicios de gestión de los servicios externos contratados.

Como ejemplo de lo que podría ser una buena organización de una unidad TIC, veamos este ejemplo tomado de una reciente oferta de empleo de la OAMI:

The mission of the Business Information Technologies Area is to supply all necessary information technologies services to the Office in order to support and allow the business reach its goals. Under the authority of the Deputy Director, the Area comprises five services, each managed by a Head of Service:

  • Operations and Infrastructure, responsible for operating and managing the IT infrastructure, performing quality control and deploying applications and managing IT security.
  • Architecture, responsible for defining and maintaining business, application and technical architecture as well as corresponding standards.
  • Governance, responsible for governance structure, processes, the Project Management Office and for the monitoring and follow-up of the implementation of the Strategic Plan.
  • Applications Development and Maintenance, responsible for project management, development and maintenance of the business information systems.
  • Vendor Management and Support, responsible for managing IT performance and, in cooperation with other concerned services, IT vendors, budget and contract management.

Para estar en condiciones de cumplir sus objetivos y de optimizar su funcionamiento, es esencial que se cumplan al menos tres condiciones:

  • La unidad TIC debe ocupar el lugar adecuado en la organización, en contacto directo con la Dirección del mismo, ya que es necesario para que las funciones y servicios TIC estén alineados con los objetivos de negocio y sean definidos conjuntamente con las funciones operativas del resto de las unidades.
  • La unidad TIC debe estar compuesta por profesionales TIC adecuadamente capacitados y motivados, conocedores de su ámbito profesional tanto por formación como por experiencia.
  • Es necesaria la aplicación de metodologías de gestión de los servicios (como por ejemplo ITIL) y de la producción (ej. Six Sigma), la gestión de los proyectos (ej PRINCE2) y de gestión de calidad del software y de la contratación (ej. CMMI, ISO 9000, etc.)

En fin, con esto me despido de todos por este puente, para los que tengan tiempo, y recomiendo la lectura del libro de Antonio Muñoz Molina “Todo lo que era sólido”, un poco para remover conciencias y para animarse a que, a pesar de las dificultades, es preciso seguir trabajando profesionalmente por una mejor Administración.

BYOD (Tráigase su propio dispositivo, señor empleado público)

Martes, 16 abril, 2013

BYODCon este título ha salido publicado en el último Boletic de la Asociación ASTIC el artículo que elaboré sobre el fenómeno BYOD.

Estamos ante unas nuevas siglas muy de moda, que reflejan los cambios que se están produciendo en el entorno laboral gracias a la tecnología. Este, como otros, entre los que se encuentra el teletrabajo, reflejan la tendencia hacia la progresiva difuminación entre los entornos profesional y personal, que afecta por igual a las empresas y a las organizaciones públicas.

Como quedó de manifiesto en el último ASLAN, en la mesa sobre movilidad y BYOD en las AAPP, se trata de una situación que existe, y ante la cual la peor política posible es la no-política, es decir, desconocerla o ignorarla, adoptando la postura del avestruz.

Se da, además, la circunstancia, de que nuestro país no sólo es líder en movilidad sino también en adopción de BYOD, según muestra el informe de OVUM encargado por Logicalis. Mientras en otros paises europeos, como por ejemplo Francia, prevalece la actitud del “trabaja para vivir”, en España, quizás impulsados por la necesidad, tenemos que atenernos (los que podemos) al “vive para trabajar”.

El fenómeno BYOD plantea grandes retos para las organizaciones públicas, ya que la zona difusa en la que se mueve no está ni mucho menos resuelta. A los problemas de seguridad del dispositivo y de la información que contiene, tenemos que agregar la indefinición sobre la propiedad del mismo, pues la legislación y jurisprudencia actual se apoyan en una clara presunción de la propiedad de los medios del trabajador por parte del empleador. Pero, ¿qué hacemos cuando ésto no es así?.

Las políticas de gestión del BYOD pueden ser muy variadas, desde las más estrictas basadas en el gobierno del terminal (y todo su contenido, ubicación, etc.) a aquellas que se limitan al control de la información y datos corporativos a los que pueden accederse desde el terminal.

Pero, además, es hora de empezar a plantearse otros aspectos, como el uso de las aplicaciones (Google Apps), y servicios (Redes sociales, FaceBook, Linkedin, Twitter,…) de acceso abierto en nubes públicas , y también de servicios de almacenamiento como los discos virtuales en la nube (DropBox, Google Drive, …) que los empleados públicos pueden y suelen utilizar, en ocasiones tanto para el uso particular como profesional. También para estas situaciones conviene desarrollar políticas, que además de consistentes con las funciones del empleado y los condicionantes legales, deben ser operativas para obtener el máximo provecho posible.

En fín, ante tantos cambios, hay tentaciones de resistirse, pero me viene al pelo una cita recuperada del blog de Enrique Dans, sobre la imposibilidad de detener el reloj del tiempo, que proviene de la recopilación de relatos cortos de Robert A. Heinlein, titulara “Historia del futuro – I“, de The past through tomorrow (1967)

“Es un sentimiento creciente entre algunos grupos de este país la noción de que cuando un hombre o una compañía han sacado un beneficio del público durante un cierto número de años, el gobierno y los tribunales tienen el deber de salvaguardar esos beneficios en el futuro, incluso frente a circunstancias de cambio y contra el interés público. Esta extraña doctrina no se halla apoyada por la Constitución ni por las leyes vigentes. Ni los individuos ni las corporaciones tienen el menor derecho de acudir a los tribunales y exigir que el reloj de la historia sea detenido, o retrasado, en beneficio particular suyo.”

Para los interesados, la versión original del artículo sobre BYOD: 2013_0304 Articulo BYOD para Boletic (PDF)

Los componentes técnicos de la Administración Electrónica

Viernes, 12 abril, 2013

La semana pasada tuvieron lugar una serie de sesiones formativas sobre Tecnologías de la Información destinadas al curso selectivo de los funcionarios en prácticas del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado. Dentro del conjunto de conferencias, tuve el honor de impartir la denominada “Los componentes técnicos de la Administración Electrónica”. A continuación ofrezco el material utilizado durante dicha charla:

A fecha de hoy, no cabe duda de que los elementos que componen la Administración Electrónica, tanto aquellos de carácter tecnológico como aquellos de carácter legal,  se encuentran ya en un estado consolidado. Las excusas de la tecnología necesaria o del soporte legal necesario ya no son válidas para no abordar las soluciones TIC para la tramitación de los expedientes de las Administraciones, tanto en la relación con los ciudadanos como internamente, bien sea en el interior de un Organismo dado, bien en la interrelación entre organismos, sean de ámbito nacional, autonómico, o local.

Es cierto que aún queda mucho camino por andar. La estandarización y la interoperabilidad de las soluciones son el próximo caballo de batalla, así como la realización de operaciones de factorización para entregar soluciones más homogéneas a un menor coste. No es menos importante la simplificación de los portales o sedes, de los requisitos de identificación, que deben ser proporcionales al tipo de trámite realizado, así como la otra consolidación, la de la experiencia de usuario, como bien señala Emilio García en su blog.

Os dejo con un resumen de la charla tal y como se expone en las dos últimas diapositivas de la presentación:

En resumen:

  • La Administración Electrónica incluye los elementos tecnológicos que permiten la relación electrónica entre los Ciudadanos y la Administración (“front office”), y también los elementos de la trastienda (“back office”) que hacen que todo funcione.
  • Los elementos del “front office” son en su mayor parte los equivalentes del mundo anterior basado en papel, aunque con sus propias características.
  • Durante mucho tiempo habrán de convivir los mundos “papel” y “electrónico”, y habrá que diseñar y mantener los sistemas que permiten esta convivencia.
  • Los elementos del “back office” son en su mayor parte los mismos que usan el resto de las organizaciones para sus infraestructuras, servicios y aplicaciones, pero adaptados a las especificidades de la Administración.
  • Las estructuras TI actuales de las AAPP están fuertemente ligadas a la estructura administrativa, lo que condiciona tanto su funcionamiento actual como su posible evolución futura.

La utilidad de las TI en las Administraciones:

  • El funcionamiento de las Administraciones, así como la relación con los ciudadanos, evolucionan de forma imparable hacia el uso de la tecnología.
  • Es necesario por tanto conocer tanto la tecnología existente como la legislación aplicable para poder diseñar y aplicar, de forma eficaz y eficiente, cualquier servicio de la Administración.
  • También es importante para plantearse posibles mejoras en el funcionamiento de las AAPP, tanto a nivel tecnológico como legal u organizativo.
  • No debemos olvidar que la aplicación de la tecnología sólo es eficiente si se efectúa un replanteamiento y un rediseño de los procesos administrativos y de los marcos organizativos y legales, aprovechando todas las posibilidades que ofrece la tecnología.

Pongamos tecnología en la Administración de hoy en día

Jueves, 21 marzo, 2013

La Administración Electrónica
es casi como una tónica,
una tónica sin gas,
de la que se espera algo más.

Por mucha tecnología
que pongamos al portal,
si no se cambia el percal,
se ha quedado en nadería.

Y es que no hay magia ninguna
si no se ven una por una
los pasos de la tramitación
para hacer optimización
de su versión electrónica
en su forma más económica.

Hay iPads, hay iPods,
hay Linux y hay Windo-ws,
hay mucho dispositivo,
pero poca racionalización.

Aún estamos esperando
un CIOAGE salvador
que ponga un poco de lógica
en nuestra Administración,

Para que se haga un análisis,
un estudio, un proyecto,
una mejora continua,
toda una reorganización.

Y quizás haya una Agencia,
que unifique los servicios,
sean comunes o específicos,
en base a la tecnología.

Pero si no planificamos,
calculamos, analizamos,
estudiamos, sopesamos,
las decisiones a tomar,
entonces no optimizamos,
no mejoramos, no alcanzamos
nuestros objetivos vanos,
y la reforma se hará esperar.

Porque, no por mucho legislar,
amanece más temprano,
y no por mucho tecnificar,
se sirve mejor al ciudadano,
si no se hace con mesura,
con sentido, con cordura,
con un poquito de altura
de miras,
¿ no es mejor que trabajar en vano?

Hoy 21 de marzo, la UNESCO celebra el Día Mundial de la Poesía. Antonio Arias y Sevach se han retado a presentar en verso sus respectivos artículos en sus bitácoras,y no puedo menos que sumarme a esta conmemoración.

Como recuerda la página de la UNESCO, «La poesía es una de las expresiones más puras de la libertad de la lengua. Es un elemento constitutivo de la identidad de los pueblos; encarna la energía creativa de la cultura en su facultad de renovarse sin cesar

Espero que os guste este pequeño experimento. A ver si diciendo las cosas en verso, se toman más en serio que cuando se dicen en prosa.

Sobre leyes, empleados públicos, ética profesional, y tecnología

Viernes, 15 febrero, 2013

La ley (del latín lexlegis) es una norma jurídica dictada por el legislador, es decir, un precepto establecido por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonancia con la justicia.

Esta es la definición de la Wikipedia. En la Constitución Española, la palabra Ley aparece 165 veces, y Leyes, 37. Las leyes son unos de los pilares de nuestra sociedad, como dice el Artículo 10 :

  1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social.
  2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.

Ahora bien, como la sociedad está compuesta de muchas personas diferentes, es normal que no haya ninguna ley que sea del gusto de todos. No solo eso: todas las leyes pretenden un beneficio social, pero es obvio que por su mera existencia no sólo producen beneficios sociales, sino también perjuicios. Los beneficios producidos por las leyes deberían ser siempre superiores a los perjuicios, y así creo que es generalmente, pero esto como lo anterior siempre es opinable, y por lo tanto existirán opiniones de determinadas personas de que los perjuicios superan a los beneficios en determinadas leyes.

Esto es así y no es malo. Una de las libertades fundamentales del estado de derecho es la libertad de pensamiento y también la libertad de expresión (siempre con el límite del respeto a los derechos de los demás). Pero que uno opine en contra de una ley no le da derecho a incumplirla. Si hacemos eso, rompemos la baraja y el estado de derecho se va al cuerno.

Una segunda cuestión es que ninguna ley es perfecta sintácticamente (gracias Javier Badía por ayudarnos a redactar mejor las leyes) ni tampoco semánticamente, por lo que siempre caben interpretaciones, existiendo incluso contradicciones entre lo que disponen unas leyes y otras. Esta imperfección está en relación directa con la complejidad, y es el motivo por el que, en mi opinión  para tener mejores leyes hay que tener menos leyes, invirtiendo la tendencia actual de inflación legislativa: cuantas más leyes peores son, y menos consiguen su fin de ordenamiento social.

Pero a la postre las leyes hay que aplicarlas. TODOS tenemos que aplicarlas. El estamento último responsable de su aplicación es el Sistema Judicial, al cual se acude (se debería de acudir en última instancia) para decidir sobre la aplicación de las leyes.

Tampoco el sistema judicial es infalible. Como todo lo humano. Aunque se le presume una mayor competencia en su función que al resto, y por ello las decisiones judiciales hay que respetarlas, incluso aunque no estemos conformes con ellas. Resulta una falacia afirmar que algo es verdad porque lo dice un juez, cosa que se hace habitualmente, pero respetando las opiniones en contra, lo que es cierto es que esas decisiones deben ser acatadas por los afectados porque es parte del sistema en el que convivimos.

El sistema judicial es bastante complejo, y no incluye sólo a la Administración de Justicia, y de Interior, sino a un importante conjunto de profesionales que no forman parte de la Administración: abogados, procuradores, etc. Los procedimientos judiciales pues se desarrollan en medio de un entramado de fases, instrucciones, sentencias y recursos, que siendo probablemente necesarios para hacer valer las garantías y derechos de cada uno, ha devenido en un segundo problema, adicional al ya expresado de la imperfección de las leyes, que es la demora: demora muy alta en términos de vida de las personas, que prácticamente siempre se mide en años, cuando no en lustros. Esta elevada demora en los plazos para que la Justicia sentencie hace que no sólo pierda eficacia, sino también genera efectos colaterales indeseados, que a veces rozan la injusticia al aplicarse las leyes en situaciones que han cambiado completamente desde el momento en que se produjeron los hechos juzgados.

Y, aprovecho para decir, en el caso de las leyes que afectan o son afectadas por la tecnología, el cambio tecnológico es tan rápido que con frecuencia las leyes se quedan anticuadas y obsoletas en plazos más cortos que el lustro o lustros que pueden llegar a tardar los sistemas judiciales en resolver sobre los casos concretos de su aplicación. Y cuando hablo de tecnología, hablo también de los aspectos sociales de la tecnología, es decir, aquellos en los que la evolución de la sociedad ha ido pareja a la de la tecnología: Contenidos Digitales, Redes Sociales, movilidad…

Por lo tanto, es evidente, y lo ha sido siempre, que la aplicación de las leyes se realiza en muchos casos en primera instancia por los empleados públicos integrantes de órganos u organismos a los que se les encomienda expresamente la aplicación de determinada ley. Los ejemplos son innumerables, pero por decir unos pocos que conozco, la aplicación de la Ley de Subvenciones en los proyectos y actuaciones del Plan Avanza, o la aplicación de la Ley General de Telecomunicaciones en el ámbito de la gestión del espectro radioeléctrico, ambas en la SETSI o la aplicación de la Ley de Marcas, la Ley de Patentes y Modelos, la Ley de Diseños Industriales o la Ley de Topografías de semiconductores en el ámbito de la OEPM.

La encomienda en la aplicación de leyes específicas a un órgano administrativo está justificada en virtud de la eficiencia y la eficacia, es decir, para conseguir resultados en el menor plazo posible y con el menor coste posible.  Aunque, como hemos visto, las actuaciones administrativas en la aplicación de estas leyes siempre tienen el último recurso a la justicia. Pero es algo que el empleado público se esfuerza mucho en evitar pues es muy costoso y prolongado. De modo que la ética profesional del empleado público, que en primer lugar le obliga a cumplir y hacer cumplir las leyes, específicamente las que ejerce en su trabajo, además procura hacerlo con eficacia y eficiencia, no sólo porque es su obligación sino porque le genera beneficios y le evita problemas posteriores.

Generalmente (siempre hay excepciones) creo que el ejercicio profesional en el marco legal del empleado público es bastante bueno, incluso en el caso de que el empleado no le guste o no comparta la ley que le toca aplicar. Eso se llama ética profesional. Y creedme si os digo que la capacitación profesional de los empleados públicos que he conocido es altísima en este ámbito. Y también os digo que, dentro del margen que permiten las leyes, los funcionarios se esfuerzan por hacer lo que creen mejor para los ciudadanos y empresas que se relacionan con ellos en el ejercicio de sus funciones, y por producir los menores efectos colaterales indeseados en sus decisiones.

Y en esta ecuación, ¿que función desempeña la tecnología?. Como hemos dicho antes, la tecnología se caracteriza por una rápida evolución que lleva aparejada una evolución social paralela. Dada la dificultad y lentitud de los procesos legislativos y judiciales, en este ámbito es especialmente recomendable conceder mayor ámbito de actuación al empleado público, en virtud de los sempiternos principios de eficacia y eficiencia. Y para hacerlo, es especialmente importante contar con funcionarios preparados y motivados. Me consta que hay un alto nivel de preparación tecnológica, no sólo entre los profesionales TIC, sino en la mayor parte de los funcionarios.

Sería muy fácil para mi decir ahora que la motivación es el problema, pero lo cierto es que no lo pienso así. Conozco muchos profesionales excelentes que aman su trabajo, que lo hacen lo mejor que saben y pueden incluso cuando no están de acuerdo con la forma en que se hace o con otros aspectos que no les gustan. Gente que, además, cree que es necesario cambiar ciertas cosas, y que hace propuestas para cambiarlas, sin que ello les impida sacar el día a día de su trabajo. Algunos incluso tan valientes como para mantener un blog público en el que expresan sus preocupaciones, opiniones y propuestas. Gente como ésta (y sólo digo unos cuantos que se me ocurren en este momento, que son los que suelo leer):

Debo decir que, aunque en general comparto sus opiniones, no siempre es así. A veces lo comento en el blog o en el twitter, o a veces me lo callo. Pero siempre, siempre, respeto lo que opinan, en primer lugar por tener el valor de exponerlo, en segundo lugar porque se aprende más de las diferencias que de las igualdades, porque para evolucionar hay que escuchar.

Dejo para el final a Lucía Escapa, quien hace poco ha sufrido una campaña de descalificaciones personales, en la prensa digital y en twitter, como consecuencia de su inclusión en la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual, en referencia a un artículo publicado en su blog sobre la cuestión del Software libre en las AAPP, y que ha derivado en simplonas acusaciones en las que se pone en duda primero su capacidad para distinguir entre el mundo virtual y el mundo físico, y luego entre un enlace y el contenido enlazado.

Para empezar, debo decir que conozco a Lucía hace algún tiempo, y es una profesional como la copa de un pino. Aparte de su historial que aparece en Linkedin, ha recibido varios premios, por su carrera profesional, y por su labor en favor de la difusión y promoción de las TIC en las redes sociales. Además está colaborando más que activamente en las propuestas de la Reforma de la Administración, y el documento que presenta ASTIC a este respecto se basa en un trabajo previo que la propia Lucía publicó en su blog. Por supuesto lleva mucho tiempo ejerciendo como profesional TIC de alto nivel, y sin duda (parece hasta una ofensa tener que decirlo) conoce bien ciertos detalles básicos de la tecnología que permiten distinguir entre un enlace html y el objeto o página enlazado.

Creo que los que la critican yerran el tiro triplemente. Primero porque no es el tipo de profesional sobre el que se pueda poner en duda su competencia para aportar su conocimiento y su valía en esta Comisión. Segundo porque las ideas se defienden con argumentos y no con ataques personales. Si, en lugar de los argumentos, se recurre a la descalificación, es porque el acusador carece de otros argumentos, lo cual devalúa a los ojos de los demás aquello que defiende. Y tercero, porque, si existe la ley y el reglamento que desarrolla la sala segunda de la Comisión, y la ley y el reglamento hay que cumplirlos, más vale que cuente con profesionales altamente preparados, pues son los que mejor pueden conocer y decidir sobre los asuntos que le sean sometidos.

Lucía es una mujer valiente que defiende sus principios y se atreve a exponerlos y debatirlos en un foro abierto. Solo por eso, ya merecería un respeto.

Terminaré citando a Claudio M. Cipolla en su imprescindible obra “Las leyes fundamentales de la estupidez humana“, en concreto el corolario a su quinta y última ley:

El estúpido es más peligroso que el malvado

Así que evitad enredaros con aquellos que no muestran inteligencia, pues sólo os traerá problemas.

Comunidades de software abierto y cambio cultural en las Administraciones Públicas

Miércoles, 13 febrero, 2013

AlSigmAyer, martes 11 de febrero, se presentó en la SETSI la versión 3.0 de AL SIGM y su Comunidad de Desarrollo. El anteriormente denominado SIGEM, Sistema de Gestión Municipal, un producto gratuito elaborado y distribuido por el Plan Avanza, ha cambiado, mas bien diríamos ha metamorfoseado, pasando de lo que era un producto a lo que actualmente es una plataforma.

La nueva plataforma, que se denomina PALS (Plataforma Administración Local Soluciones), ha abordado una filosofía bastante novedosa, al menos en el ámbito administrativo, ya que adopta un modelo basado en Software de Fuentes Abiertas (#SFA) el cual se basa en la creación de una comunidad de desarrollo, en la que participarán los organismos, empresas, programadores y usuarios, de forma coordinada. En esta plataforma colabora Red.es y CENATIC, en su papel de centro de referencia para el software de fuentes abiertas.

Las ventajas de este enfoque, en palabras del Secretario de Estado de Telecomunicaciones, Víctor Calvo-Sotelo, son:

Fomentar la colaboración público-privada, así como una gestión evolutiva, eliminando las dificultades originadas por el del crecimiento exponencial de las aplicaciones, optimizando la reutilización de desarrollos, definiendo claramente las características de las licencias, adecuando la Plataforma a los cambios normativos. y consiguiendo en definitiva una mejora en su evolución tecnológica, aparte de otros objetivos importantes como la dinamización del tejido industrial TIC en todo el territorio nacional.

Ha llovido ya mucho desde La Catedral y El Bazar, de  Eric S. Raymond.  El concepto de Comunidad de Desarrollo en SFA ha evolucionado desde sus inicios hasta convertirse en un modelo sólido y eficaz, que consigue resultados de alta calidad y devuelve un retorno de la inversión muy alto a sus participantes. Además de este proyecto hay varios notables ejemplos de Comunidades de Desarrollo en la Administración como  la creación de la Comunidad del Cliente @firma, según lo describe el CENATIC.

Pero siguen siendo ciertos algunos de los principios básicos enumerados por Raymond:

  1. Todo buen trabajo de software comienza a partir de las necesidades personales del programador (Todo buen trabajo comienza para resolver una necesidad propia)
  2. Los buenos programadores saben qué escribir. Los mejores, qué reescribir (y reutilizar) (Hoy día, ya nadie crea partiendo de cero. Todos nos apoyamos en trabajos de otros anteriores. Lo inteligente es averiguar hasta donde se avanzó en un asunto, elegir lo mejor, y construir sobre ello)

Nos encontramos así con una forma de crear soluciones comunes para gente con problemas comunes, que quieren trabajar de forma organizada y transparente, donde las aportaciones de unos benefician a todos, y el beneficio es mayor cuanto mayor es la masa crítica alcanzada por ese proyecto con objetivos comunes.

En su introducción al evento “Primer Encuentro Internacional de Software de Fuentes Abiertas y Sector Público“, Borja Adsuara citó a la Constitución Española, a los principios de eficacia y eficiencia que deben regir la actuación de lo público, y a cómo este modelo colaborativo permite aumentar la eficiencia (y, digo yo, también la eficacia) de los recursos que los trabajadores públicos tenemos a nuestra disposición.

En efecto, este modelo es una buena aproximación a la solución para las necesidades comunes, que sobrepasa la fragmentación administrativa multinivel que tiene el Estado español pues se enfoca a proyectos concretos y resultados inmediatos, de los que se benefician todos los participantes directos, e indirectamente todos los ciudadanos y empresas usuarios o reutilizadores de los productos generados.

Tal y como McKinsey explicaba en un reciente artículo “Competing in a digital world: Four lessons from the software industry“, en las organizaciones donde la Información es el principal activo, resulta de utilidad aplicar lo que las empresas de software han descubierto hace tiempo:

  1. Ir del Producto a la Plataforma
  2. Crear nuevos modelos de negocio
  3. Acelerar el ciclo de vida y co-crear con los clientes
  4. Crear una organización ágil

Lo que viene a decir McKinsey es que las principales empresas de software han evolucionado hacia un nuevo tipo de organización, más plana y flexible, y en eso basan gran parte de su éxito.

Así lo veo yo: los proyectos de comunidades de software abierto en las AAPP, no son sólo importantes por las posibilidades de desarrollo de aplicaciones y servicios con un bajo coste y alta calidad, y por sus beneficiososo efectos indirectos sobre el tejido empresarial TIC y sobre la ciudadanía; son también un modelo organizativo a seguir para resolver problemas no tecnológicos, o no primariamente tecnológicos, en las Administraciones Públicas. Como modelo, y a medida que se adopte y extienda su uso, promueven un cambio más profundo, un cambio organizativo y cultural en las Administraciones Públicas, un cambio necesario desde hace ya tiempo.

Como dice nuestro amigo Manuel Velardo: “No es mi Software, es Nuestro Software”. Y yo lo amplío:

No es mi Administración, es nuestra Administración

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PD: Montaña Merchan acaba de publicar una interesante reseña del mismo evento, cuya lectura recomiendo.

PD2: Este artículo no expresa una postura a favor ni en contra del software “licenciado” frente al software “abierto”. Como bien dice Lucía Escapa en su Blog, no hay soluciones universales a problemas concretos; cada problema tiene una solución más adecuada en un contexto determinado. Las generalizaciones son fáciles pero a menudo erróneas. Lo que sin embargo podemos hacer es fijarnos en cómo se hacen las cosas ahí fuera, y si se hacen bien, aplicar las lecciones y experiencia que otros han ya aprendido.

De Podcasts, ePubs, y Currents

Lunes, 11 febrero, 2013

eadmonEl funcionario TIC avisado, quizás ha percibido algunas sutiles pero importantes novedades que están teniendo lugar en la forma de comunicación que la Asociación ASTIC está llevando a cabo, más allá de sus también innovadoras e importantes propuestas de fondo sobre la organización y el funcionamiento de las AAPP. Me refiero a la publicación de su primer Podcast, a la publicación de sus documentos en formato ePub, y a la creación de una suscripción a sus noticias y blogs de sus asociados en el agregador de noticias Google Currents.

Perdóneme Javier Badía por el uso de estos tres palabros que encabezan este artículo, tan poco cercanos al lenguaje administrativo convencional. Pero, ¿qué tienen en común estas tres novedades?. Básicamente, se trata de formas y medios de comunicación enfocados al usuario en movilidad. ¿Y porqué son importantes?. Porque entroncan directamente con el surgimiento de un nuevo fenómeno, el fenómeno BYOD, que ha sido diagnosticado de forma radical por la revista CIO.COM: “BYOD cambiará la cara de TI en 2013“.

No sólo eso, sino que, según el estudio de la Fundación Telefónica “La sociedad de la Información en España 2012“, el 63,2% de los usuarios de móviles en España usan smartphones, siendo este el porcentaje más alto entre los cinco principales países de Europa: superior al de Reino Unido, Francia, Italia y Alemania. Desde luego no nos debería extrañar, pues nuestro país siempre se ha distinguido por “vivir más en la calle” y por ello siempre hemos sido líderes también en movilidad digital.

De modo que es notable que un conjunto de trabajadores TIC de la Administración se esté lanzando a la adopción de estos nuevos medios y formas de comunicación sin duda útiles y con alcance en una sociedad como la española que precisamente evoluciona y se dirige en esa dirección, a pesar de los nubarrones económicos y políticos que se ciernen sobre ella. Es notable y significativo, y yo me pregunto, ¿no debería la Administración Pública evolucionar también su comunicación con los ciudadanos hacia estos nuevos medios digitales en movilidad?.

¿No sería una buena idea que las conferencias de prensa del Consejo de Ministros se publicasen en formato podcast, o que las disposiciones del BOE se publicasen también en ePub, o que el portal administracionelectronica.gob.es dispusiese de su propia publicación en Currents?.

Yo comprendo que estas propuestas están muy alejadas de las tradiciones garantistas de la Administración, que incluso en el ámbito digital han derivado en el establecimiento de las Sedes Electrónicas como medio “oficial” de publicar información, sometiéndolas incluso a un encuadre en un subdominio obligatorio dentro de *.GOB.ES. Quizás se levanten voces clamando por la inseguridad o la inoficialidad de estos nuevos medios, por las posibilidades de malinterpretacion o de tergiversación por la falta de garantías.

Pero yo digo, ¿no es el fin principal de la Administración Pública el servicio al ciudadano, y no debería ser conseguido acercando la Administración a donde se encuentra el ciudadano?. En este caso, en el smartphone que todos llevamos en el bolsillo.

Si las garantías legales fuesen el problema, elaboremos la normativa necesaria y suficiente para habilitarlo. Y el coste no debe ser desde luego una excusa, porque estamos hablando de formas de comunicación con un coste mínimo aprovechando las infraestructuras existentes, y como hemos visto, gracias a que contamos con funcionarios TIC perfectamente preparados, y lo que es más importante, INTERESADOS e IMPLICADOS, en estas nuevas formas de comunicación.

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