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Sobre el artículo de Larry Lessig acerca de la legislación de propiedad intelectual

creative-commons-logoEl Boletín de la Sociedad de la Información: Tecnología e Innovación de Telefónica publica un interesante artículo titulado CREATIVE COMMONS Y CULTURA LIBRE. UNA LEGISLACIÓN SIN SENTIDO y firmado por Larry Lessig, abogado y profesor de la Universidad de Stanford y creador de Creative Commons. Al final del artículo, Manuel Castells plantea a Larry algunas cuestiones concretas referidas a la situación de la LPI en el contexto español.

Vaya por delante que a nadie se le escapa que esta es una guerra a múltiples bandas por el control del negocio de la red, en la cual Telefónica es obviamente parte interesada, al igual otras compañías tecnológicas, y por otro lado están las sociedades de gestión de derechos de autor y las compañías comerciales audiovisuales. En medio de todos el usuario/ciudadano, que también hace la guerra por su cuenta, como luego comentaré.

En segundo lugar, otra cuestión obvia, como es que la legislación allende los mares difiere en cuestiones básicas de la nuestra. No obstante, cuando nos metemos en las cuestiones relacionadas con Internet, hay que tener muy claro que las fronteras se difunden mucho. Legislar con absoluta independencia de las fronteras puede ser posible cuando sólo afecta a cuestiones puramente tangibles, pero cuando de un modo u otro intervienen los bits, entonces con facilidad se puede acabar haciendo brindis al sol.

Aún así es obvio y deseable que existan normas o referencias básicas comunes a las que todos nos debamos atener, y cuando digo todos quiero decir todos, estemos en Perú o en la China. En este sentido Larry hace reflexiones muy acertadas, como es que la legislación no puede ir en contra del sentido común. En el mundo digital, la copia exacta, o aproximada pero suficientemente buena para la percepción humana (JPEG, MPEG, etc.) son inherentes a la propia tecnología y por lo tanto, pretender regular, controlar, y a la postre generar beneficios económicos netos con cada copia es como querer poner puertas al campo. Sencillamente es imposible de evitar.

Así lo entendimos en éste mismo blog hace poco, comentado en el artículo Mejor que gratis (BETTER THAN FREE)

Dice Larry que por lo tanto la legislación que pretende criminalizar las copias acaba teniendo como único efecto verdadero la conversión de toda la sociedad, y especialmente de nuestros hijos, en auténticos y conscientes delincuentes. Como inventor de Creative Commons, defiende por ello la necesidad de una regulación que permita a los autores compartir la creación de forma autónoma y expresa, estableciendo un camino intermedio entre la copia sin limitaciones y el control centralizado.

En el fondo de toda la argumentación late la idea de que las regulaciones de protección de la propiedad intelectual dirigidas por criterios fundamentalmente económicos, que son los propugnados por las sociedades de derechos de autor y las compañias comerciales de medios audiovisuales, en lugar de fomentar la cultura y la creación, como ellos afirman, la inhiben, pues parten de la premisa de que todo creador pretende obtener beneficio económico. Sin embargo, Internet nos demuestra que hay mucha, mucha gente que no quiere ganar dinero con su creación, simplemente quiere crear y compartir.

A Creative Commons se le ha criticado no ser conforme a la legislación de la propiedad intelectual española, ya que permite al autor la renuncia expresa a algunos derechos que nuestras leyes consideran irrenunciables. A pesar de ello, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual dice muy claro que “La protección del derecho de autor se adquiere normalmente de manera automática una vez que la obra queda fijada en alguna forma material

coloriuris-logoPara abordar ésta dificultad, un despacho de abogados de Zaragoza ha creado una alternativa a Creative Commons, denominada ColorIURIS. ColorIURIS, premiado en FICOD 2008, establece un modelo de gestión de derechos centralizado (a diferencia de Creative Commons, que es distribuido), apoyado en un tercero de confianza (la propia ColorIURIS) y mediante la aceptación expresa y previa del acuerdo de licencia (a diferencia de Creative Commons, que es implícita).

Así, Red.es hace uso de éste sistema para proteger los estudios del Plan Avanza Dos. Para poder descargar estos estudios, se necesita una aceptación expresa de las condiciones de licencia, pero no en la WEB de Red.es, sino en la de Coloriuris.net, que no deja de ser, al fin y al cabo, una entidad sujeta al derecho privado, a diferencia de Red.es, que es una empresa sujeta al derecho público.

A mí no me cabe duda de que la protección legal para el autor, con el sistema ColorIURIS, es superior al modelo CC. Ahora bien, desde el punto de vista de éste artículo, ¿fomenta mejor la difusión de la cultura e implusa a los creadores a crear contenidos en la red?.

Por mi parte, y al menos en lo que concierne a éste Blog, creo que no. Por ello, de momento, seguiré usando mi licencia Creative Commons 2.5 de toda la vida.

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Innovación

Democratizar la Innovación

El libro “Democratizing Innovation” afirma que hay dos tipos de innovación: aquella realizada por los fabricantes y la realizada por los propios usuarios. Eric Von Hippel, su autor, dice que, en oposición a la innovación convencional, realizada por los expertos en innovación de las empresas o entidades productoras de bienes o servicios, cada vez más son los propios usuarios los que innovan en esos productos o servicios, y que este tipo de innovación tiene una serie de ventajas sobre la convencional.

Aquí, los usuarios pueden ser individuos, empresas o cualquier organización. Además, una organización o usuario puede ser productor e innovador en el lado de la oferta para determinados bienes o servicios, y al mismo tiempo ser usuario para otros.

Como un ejemplo curioso sobre la innovación realizada por usuarios, comenta el desarrollo de anclajes para los pies en las tablas de windwsurfing, que permitían mejorar los salto, y que fue perfeccionándose de forma colaborativa entre todos los aficionados a este deporte.

La principal diferencia entre ambos tipos de innovación es la siguiente: mientras que en la innovación del usuario, es él quien se beneficia directamente de la innovación, en la otra tiene que haber un proceso comercial, una oferta y demanda, una venta del producto, que a su vez lleva implicada la gestión de patentes o DPI asociados a la innovación.

Las ventajas de la innovación realizada por el usuario serían:

  • Es mas barato si lo hago yo que si lo encargo
  • Conseguiré algo mas cercano a lo que deseo que si lo hace otro
  • No tengo que dar explicaciones (ni especificaciones, ni papeles)
  • Satisfacción, aprendizaje y/o diversión por el hecho de haberlo hecho por mi mismo (síndrome IKEA).

En cambio, cuando un tercero (p. ej. fabricante) interviene, se plantean algunos inconvenientes:

  • Hay que explicarle que es lo que deseo
  • El fabricante intentará innovar en un producto que sirva para mí pero también pueda vender a otros
  • El fabricante intentará reutilizar cosas que ya tiene
  • Por lo tanto hará algo que no es lo que quiero exactamente, pues sus intereses y los mios no son los mismos.

Otra diferencia entre ambos es que los usuarios tienden a hacer innovaciones más “nuevas”, mientras que los fabricantes tienden a mejorar o perfeccionar aquello que ya tienen: innovación creativa frente a innovación evolutiva.

Por último, los usuarios tienden a compartir libremente sus conocimientos y mejoras obtenidas en el proceso de innovación, pues ésto les produce beneficios en el intercambio realizado con otros usuarios con problemas similares, a través de las múltiples comunidades de usuarios tan en boga en Internet. Aqui podemos decir que la red está multiplicando las posibilidades y acelerando el desarrollo de esta tendencia hacia la innovación por el usuario.

Está claro que la innovación por el usuario no gusta a todos. Para empezar las propias empresas están en contra de toda innovación que no venga de ellas mismas, y guardan celosamente los resultados y aprendizajes obtenidos como parte de su “secreto industrial”, “propiedad intelectual” o patentes de diversas clases.

Las propias Administraciones, cuando diseñan y ponen en marcha medidas para el impulso de la innovación, las dirigen con carácter general a la innovación por el lado del fabricante. No es de extrañar, pues en la visión economicista imperante en el mundo de hoy, la innovación del fabricante tiene un impacto económico directo, cosa que no tiene la innovación por el usuario. Aunque esta última puede tener más beneficios de bienestar social, que no son sin embargo tenidos en cuenta.

En todo este análisis hay latente una cuestión de fondo, relativa a la libre circulación de la información y el conocimiento, de las que la Comisión Europea (Estrategia de Lisboa renovada para el crecimiento y el empleo: lanzamiento del nuevo ciclo 2008-2010) y el propio Zapatero se parecen hacer eco denominándola «quinta libertad»: la libre circulación del conocimiento (las otras cuatro: las libertades de circulación de mercancías, servicios, capitales y personas).

Según remacha Von Hippel, la proliferación de las leyes de propiedad intelectual parecen haber tenido un efecto contrario al deseado. En lugar de fomentar la creación y la innovación protegiendo a los creadores, están siendo utilizadas para monopolizar por grandes corporaciones para bloquear toda posible nueva idea o invención, al estar ya registrada.

La tesis final de nuestro libro es que las posibilidades de innovar por los usuarios aumentan rápidamente y radicalmente gracias a nuevas herramientas hardware y software y a las comunidades de innovación, configurando el denominado fenómeno de la democratización de la innovación.

Concluiré recomendando la lectura, con reflexiones sobre los derechos de propiedad intelectual, del blog de Productor de Sostenibilidad en su entrada Copia privada, canon, propiedad intelectual y derechos.

Gracias a esta entrada he conocido el libro de David Bravo Copia este libro y gracias a los comentarios a esta entrada he conocido el libro Democratizing Innovation de Eric Von Hippel, ambos con licencia de libre distribución, que me han inspirado este post.