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Cántico a San Leibowitz

Viernes, 14 diciembre, 2012

canticle_100Después de la gran catástrofe, llegó la Era de la Simplificación: la ira de los simples se abatió sobre todos los sabios, maestros e investigadores. Todos los libros ardieron en la hoguera del odio y de la rabia. La abadía de Leibowitz se convirtió en el refugio de los pocos ilustrados que pudieron escapar; sus monjes, en los celosos guardianes de la Memorabilia, única biblioteca que se salvó de la quema. Y los siglos pasaron, esperando los monjes que aquel tesoro pudiera algún día abrir al hombre nuevas vías de conocimiento. Pero cuando el nuevo Renacimiento llegó, otro holocausto nuclear conmovió la Tierra y la peregrinación de la Memorabilia volvió a comenzar.

Acerca de Cántico a San Leibowitz, de Miller Walter M Jr.

Cita tomada de http://www.quedelibros.com

2012, según algunos agoreros, es el año del fin del mundo, y la fecha fatídica es el 21 de diciembre (que en el extraño formato sajón de fechas se escribe 12/21/12).

El fin del mundo (tal como lo conoce la raza humana) podría adoptar muchas formas, la mayoría reflejadas en la ficción como catástrofes naturales: cambios climáticos globales (El día de Mañana, 2012), meteoritos gigantescos (Deep Impact, Armagedon)… En la ficción científica, también se produce el fin del mundo por invasiones alienígenas (El día de los Trífidos, Independence Day) o por agotamiento de recursos naturales como el petróleo (Mad Max II).

No hay muchas ficciones en las que el fin de nuestro mundo lo provoquemos nosotros mismos. Pasada la era del miedo nuclear (Teléfono Rojo, de Kubrick), varios escenarios del fin del mundo son provocados por un crecimiento descontrolado de la tecnología: la saga Matrix, o la saga Terminator. En esos mundos, unas máquinas inteligentes toman el control y someten a los hombres. Curioso modo de echar la culpa de tus males a la “tecnología” cuando precisamente la tecnología ha sido creada por nosotros. Pero esas visiones no hacen sino reflejar el miedo que los hombres tenemos a la tecnología, un miedo que no es ni más ni menos que el miedo al cambio, como se ha tenido anteriormente a la invención del motor de explosión, al ferrocarril, o a la revolución industrial.

En cambio, en Cántico a San Leibowitz, publicada a finales de los 50, el fin del mundo se produce por extinción del recurso principal del que dispone la raza humana: La Información. “Todos los libros ardieron en la hoguera del odio y de la rabia“, dice Walter Miller. Y otro gran sabio, en el prólogo de su libro “La Información”, James Gleick dice:

Hoy día podemos comprobar que la información es por donde discurre nuestro mundo: es la sangre y la savia, el principio vital. Impregna de arriba abajo las ciencias, transformando todas las ramas del conocimiento. La teoría de la información empezó como un puente que llevaba de las matemáticas a la ingeniería eléctrica, y de allí a la informática. Lo que los angloparlantes llaman computer science, en Europa los franceses lo denominan informatique, los italianos informatica, los alemanes Informatik y los españoles «informática».

Aunque muy pocos creen de verdad en el fin del mundo, sí que resulta un ejercicio útil imaginarse tal escenario, para comprender mejor el mundo en el que vivimos. En ciertos ámbitos, resulta posible hacerse una idea por medio de los efectos de las movilizaciones sociales recientes: huelgas en el transporte, en los servicios de limpieza, en la sanidad, en la educación, en la justicia… todos servicios esenciales, y por ello que nos afectan a todos de una manera u otra. Y no nos gustan sus efectos, ¿verdad?.

Pero, ¿qué pasaría si lo que dejase de funcionar (aunque sólo fuesen 24 horas) fuesen las Tecnologías de la Información?. ¿Que pasaría si los teléfonos fijos y móviles no funcionasen, si tampoco lo hiciese Internet (con su Gmail, y su banca electrónica,…), si tampoco funcionasen la televisión y la radio (al fin y al cabo, apoyadas hoy dia por completo en las TIC)?.

¿Podemos imaginarnos un mundo así?. Yo no puedo. En una de las últimas escenas de la película 2012, en la que las gigantescas mareas de los tsunamis están invadiendo los continentes, se produce una conversación por teléfono móvil entre una persona en las montañas de la India que ve aproximarse su final en forma de ola gigantesca y otra que está en el refugio del Tibet.

¿Por móvil?

Si llegan las catástrofes de esa magnitud, los grandes Data Center, y las redes de comunicaciones, y todos los teléfonos, fijos y móviles, serán los primeros en caer. Y con ellos, el caos total.

En las grandes arcas que supuestamente van a salvar la humanidad, se guardan animales así como obras maestras de la pintura como La Gioconda. Pero no aparece ninguna escena en la que se vea cómo se almacenan los Zettabytes que hoy día formarían la Información Digital de la Humanidad.

Quizás en ese caso, en ese supuesto, hipotético, lejano caso, en el que se extingue la humanidad al extinguirse la Información, y junto con ella las tecnologías que usamos hoy para gestionarla, quizás en ese caso ya sólo nos quede rezar… rezar a San Leibowitz.

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