Categorías
Administración Electrónica Tecnologías de la Información

Rentabilidad de las TIC en las organizaciones públicas

imagen1.jpgLlega el otoño, y con él, tiempo de hablar de dineros. O, al menos, así lo entendió ASTIC, quien en su evento Meeting Point 2007 incluyó una mesa redonda con el interesante título que encabeza este post. Y también Rafa Chamorro cuando escribe sobre los Presupuestos Generales TIC.

Podemos achacar a la hora intempestiva de la mesa en cuestión, hora en que el cuerpo hispano pide siesta, el hecho de que prácticamente ninguno de los ponentes abordase el tema a fondo. O, mejor, lo podemos achacar a la auténtica dificultad de hablar en términos de rentabilidad de la tecnología en el contexto de las AAPP.

Porque hablar de rentabilidad en las empresas es bastante fácil (en principio) pues consiste en comparar gastos con ingresos, y subsidiariamente en otros beneficios no directamente trasladables en ingresos, pero que, tarde o temprano, también son trasladables en términos monetarios. Así lo entiende el Ministro Clos que ha señalado en la comparecencia en el pleno del Senado del 24 de octubre que “con el Plan Avanza el Gobierno pretende avanzar en la construcción de la Sociedad de la Información, para mejorar la productividad y competitividad de nuestra economía.”

Pero la rentabilidad de las TIC en las organizaciones públicas es otro cantar. Bueno, vamos a empezar por la parte fácil: la rentabilidad en los organismos públicos que tienen ingresos. Ejemplo: la AEAT. En este caso es relativamente fácil argumentar una relación causa-efecto entre la utilización de la tecnología y el aumento neto de recaudaciones, siempre por supuesto respetando la seguridad jurídica necesaria.

Cuando no es posible acudir al incremento de ingresos, siempre podemos intentar la reducción de gastos. Es difícil demostrar esta reducción en las AAPP. Para empezar, el resultado de un proceso de automatización, que en las empresas conduciría a un ahorro en recursos humanos, en las AAPP puede conducir a un verdadero conflicto social, al tener a unos cuantos funcionarios en pie de guerra, despojados de sus funciones.

Una inteligente derivada, que me enseñó en tiempos Pedro Maestre, consiste en trasladar ese ahorro no al interior de las AAPP sino a los propios ciudadanos. Su argumento es tan simple como “si informatizamos un trámite que se realiza 1.000 veces al mes, y ahorramos al ciudadano una hora de desplazamiento, a 20 €/hora de sueldo, supondría 20.000 euros de ahorro mensual. Así pues si la inversión es de, digamos, 60.000 euros, aún hemos conseguido una rentabilidad de 2 a 1, o sea, 2 euros de ingresos por cada euro de gasto.”

Pero en el fondo, la justificación del ahorro es pobre, insuficiente y, lo confieso, casi siempre irreal. Así que la rentabilidad ha de argumentarse en base a beneficios para la sociedad, más o menos intangibles, y por ello un tanto etéreos, salvo que hablemos de casos y situaciones concretas. Entre ellos están los siguientes:

  • Simplificación de trámites. Ventanilla única.
  • Nuevos servicios. Difusión de información. Agilidad, inmediatez. Horario ampliado.
  • Acercamiento de la Administración al Ciudadano. Transparencia. Acceso a discapacitados y otros colectivos desfavorecidos. Apoyo al inmigrante.
  • Nuevos modos de acceso. Movilidad. Multidispositivo.
  • Efecto tractor de la tecnología en las AAPP sobre la sociedad. Compras públicas innovadoras. Generación de confianza en la tecnología. Liderazgo tecnológico: DNIe.
  • Participación. Personalización. Retroalimentación.

Finalmente, y por enlazar de nuevo con el post de Rafa sobre los presupuestos TIC, la rentabilidad ha de apoyarse en la eficacia del gasto, es decir hay que exigir el mejor resultado posible con un presupuesto dado. Es muy fácil en la AGE justificar el gasto en capítulo 6 (inversiones), algo menos en capítulo 2 (gastos corrientes, mantenimientos) y francamente mucha dificultad en lo referente al capítulo 1: gastos de personal. Como consecuencia se produce con facilidad la descapitalización humana, produciéndose fugas de funcionarios a otras administraciones donde están mejor pagados, o a las empresas, en trabajos casi siempre relacionados con las AAPP.

Pero no nos engañemos, por muchas inversiones que hagamos en TIC, la cantidad y calidad de los resultados los dan las personas, y es a las que deberíamos cuidar en primer lugar.