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Ya era hora… ¡Gol!

CAMPEOOOOONES, CAMPEOOOOOONES, OHE, OHE, OHE !!!!!

Lo que yo ya creía se tornaba en quimera imposible, ha sucedido.

El maleficio, entendido como esa barrera mental que nos impedía creernos capaces de conseguirlo, ha sido roto. Supongo que por una vez hay que admitir que la pieza clave ha sido Luis, “el sabio de Hortaleza”. El seleccionador de fútbol tiene una función muy especial. Tiene que hacer que las cosas funcionen, pero no puede hacerlo por si mismo. Su equipo no es suyo, pues los jugadores pertenecen a los clubs. Debe combinar técnica con psicología y con mano izquierda. También debe ser un buen relaciones públicas.

Además, se le suele imputar la responsabilidad cuando las cosas no funcionan. Tiene que tener buen encaje para aguantar cualquier revés, sea o no por sus decisiones.

Sin embargo, cuando el equipo gana, es España la que gana:

(Morgana, me he permitido copiar estas referencias de tu post, Nuestra gloria 🙂

No me extraña que duren poco los seleccionadores, y que cuando hayan cumplido su mandato no quieran renovar, si es que no les han echado antes.

Pilar Jericó, sin embargo, hace un análisis bastante más científico sobre esta victoria: Lo que la ciencia dice sobre el funcionamiento de los equipos

En fin, lo que a mí me gusta es que una vez roto el maleficio, ya no tenemos que tener miedo a salir por ahí fuera escondiéndonos tras las esquinas, ahora ya somos por lo menos iguales a los demás, igual de buenos, en cualquier materia o asunto, y además queda demostrado.