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El registro civil único electrónico

El Consejo de Ministros del 23 de Julio aprobó el Proyecto de Ley del Registro Civil. El objetivo de este proyecto es agilizar y eliminar trámites burocráticos innecesarios y configurar un Registro Civil electrónico, “moderno, rápido, accesible y único” para toda España.

Los lectores de éste blog recordarán el artículo de hace poco más de un año, titulado “La administración de los garbanzos“, en el que se contaba la historia, real, de los avatares de un sufrido ciudadano para recuperar un extraviado Libro de Familia, necesario a su vez para obtener un pasaporte de un menor de edad, y de las idas y venidas de ventanilla en ventanilla, de localidad en municipio, para conseguirlo.

Así que no puedo por menos que alegrarme sinceramente de saber que por fin alguien ha decidido poner remedio sensato a ésta situación. Actualmente existen 431 Registros civiles principales, junto a más de 7000 juzgados de paz con competencias en materia de Registro civil, y que operan sin conexión, sin coordinación y con competencias territoriales definidas según circunscripciones.

Mediante esta ley, se liberará a los Jueces de estas tareas extrajudiciales, al tiempo que se orienta el nuevo registro civil como un Servicio Público, superando una concepción tradicional que suponía carga administrativa para el ciudadano.

Gracias a la tecnología, la mayor parte de las comunicaciones entre Administraciones públicas se realizará en forma telemática, destacando la remisión por parte de los responsables de los centros de salud, relativa a nacimientos y defunciones y de los Ayuntamientos respecto de los matrimonios. La mayor parte de las certificaciones serán innecesarias puesto que las Administraciones y funcionarios públicos podrán consultar en línea la base de datos del Registro Civil Electrónico y, por tanto, el ciudadano no tendrá que aportarlos. El Registro civil remitirá de oficio la certificación de nacimiento o de matrimonio al interesado, sin necesidad de que éste lo solicite.

No es menos importante el hecho de que el Registro Civil Electrónico estará orientado a las personas. Se creará para cada persona de un registro individual en el que se incluirá toda la información de su trayectoria vital. Se supera la configuración tradicional en la que lo relevante eran los hechos que se inscribían los cuales se reflejaban en libros y secciones diferentes.

Un claro ejemplo de lo que siempre decimos: la aplicación de la tecnología, para ser eficaz, debe venir acompañada de las necesarias reformas, legales, organizativas y procedimentales, que permitan aprovechar todas sus posibilidades, mejorando el Servicio Público a los ciudadanos.

En fin una excelente noticia. El texto de la nota de prensa del Ministerio de Justicia está publicado en este enlace.

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La Administración de los garbanzos

cocido3Ese día, Juan Pérez se levantó bastante optimista. En esos pocos días que tenía libres en Semana Santa había decidido resolver algunos papeles y había reservado cita previa para la renovación del pasaporte de su hijo, caducado por cumplir catorce años, a través de internet, y se felicitaba por haberse ahorrado las colas y los numeritos de espera que otras veces había tenido que aguantar. ¡Por fin empezaban a verse los efectos de la Ley de Acceso Electrónico de los Ciudadanos a los Servicios Públicos!.

Cuando se preparaba para salir, recogió los DNI suyo y de su hijo, fotografías, pasaporte caducado y… no encontró por ningún lado el libro de familia. En la WEB del Ministerio del Interior decían que había que acreditar la patria potestad o tutela, así que cogió una fotocopia del libro de familia y la partida de nacimiento que en su día sirvió para solicitar el pasaporte original.

Desgraciadamente, el acopio de documentos que llevaba Juan Perez no le pareció suficiente al funcionario encargado de la renovación. La partida de nacimiento había expirado, las fotocopias no valían, y el pasaporte caducado no servía para nada. ¿Pero no era la administración la que sabía, a través del registro civil, que él era su padre? ¿ No estaban ambos correctamente identificados, con su DNI? ¿No podía hacer una simple consulta telemática al registro?. El funcionario miró a Juan Pérez como si viese un platillo volante.

De vuelta en casa, un poco frustrado, se hinchó de buscar el famoso libro de familia, pero no lo encontró. Resignado, se dispuso a solicitar una copia. También podría volver a pedir un nuevo certificado de nacimiento, pero el libro había que pedirlo de todas todas, y además tenía la ventaja de que no caducaba.

Como se había casado en el maravilloso pueblo de Matalascabrillas de Abajo, buscó por Internet y encontró el teléfono del Juzgado de Paz. Llamó y le dijeron que no había ningún problema en solicitar una copia. Pero que estos trámites sólo los hacían los viernes por la tarde, de 4 a 7 (la administración del 3×1, no la del 7×24, pensó). Como esa semana era semana santa, hasta dentro de 10 días no podría acudir a pedir su duplicado.

Diez días después, allí estaba. La excursión desde Madrid le había llevado una hora en coche, pero al fin y al cab0 era un viaje necesario. A su mujer y a él les pareció un sitio muy coqueto e idílico cuando se casaron. Esto era cierto, pero ahora empezaba a resultar también poco práctico.

Como era un juzgado pequeño, sólo tuvo que esperar media hora. Pero fué media hora en vano. La funcionaria del juzgado de paz le dijo que, aunque se había casado allí, no le podían dar el libro de familia, ya que eso sólo se podía pedir en el municipio donde estaba empadronado. Le dió un certificado literal de matrimonio y le dijo que fuese al registro civil de Madrid donde le harían el Libro de Familia dichoso.

A la semana siguiente, Juan Pérez se dipuso de nuevo volver a la carga. Se informó por Internet y vió que el Registro Civil único de Madrid estaba abierto de lunes a viernes, de 9 a 14 horas. Se esfumaron sus esperanzas de pedirlo por Internet: se podian pedir los certificados pero no el Libro de Familia. Este había que ir en persona, y además, con ese horario, tendría que hacerlo en sus horas de trabajo.

No estaba lejos de su trabajo: Google Maps le dijo que tardaría media hora andando. Algo más le costó averiguar que no había ningún transporte urbano directo, y aparcar por allí sería poco menos que una quimera. Así que mientras iba a patita, reflexionaba por el camino un viejo chiste de su padre: “vamos a ir en un coche que tiene el motor de garbanzos“. Juan Pérez empezó a pensar que, por mucha administración electrónica que decían que hubiese, todavía quedaba mucho camino “de garbanzos” a recorrer para hacer realidad lo que decía en la introducción de la Ley 11/2007:

…En todo caso, esas primeras barreras en las relaciones con la Administración -la distancia a la que hay que desplazarse y el tiempo que es preciso dedicar- hoy día no tienen razón de ser. Las tecnologías de la información y las comunicaciones hacen posible acercar la Administración hasta la sala de estar de los ciudadanos o hasta las oficinas y despachos de las empresas y profesionales…”

Ya en el Registro, después de la cola de información donde le mandaron a la planta quinta, (subió andando por estar atestado el ascensor) , cuando entró en la sección de duplicados le dijeron, amablemente, que allí no era: que si no se había casado en Madrid, tenía que ir a la planta cuarta.

Juan fué a la planta cuarta: departamento de Auxilio Registral: le aclararon, también muy amablemente, que ellos no podían hacer un libro de familia si el matriomonio no se había celebrado en Madrid; que había que pedirlo al Juzgado de Paz donde se había celebrado el matrimonio; que el certificado de matrimonio no servía para nada; pero que, afortunadamente, ellos se iban a encaragar de los trámites.

Mientras la funcionaria redactaba la súplica, que luego firmaría él, Juan se preguntaba porqué narices si el libro de familia era para él y había ido en persona al Juzgado de Paz, no habían querido dárselo. ¿No era mucho más fácil o rápido?. Cuando preguntó, entonces, para cuando iba a poder recogerlo, las noticias fueron aún peores “Huy¡, eso no se sabe, varía mucho según cada juzgado de paz. A veces tardan meses…

Juan se echó a temblar. Pero eso no era todo: para inscribir a los hijos había que pasar por la planta quinta. “Para eso tiene usted que venir, recoger el Libro, y subirlo a la planta quinta” “¿No puden ustedes subirlo una planta ?” “No, tiene usted que firmar que lo ha recogido” “¿Y cuánto tardan?” “No lo sé, pero teniendo en cuenta la fecha de nacimiento, no creo que lo tengan en el día“. Eso suponía al menos dos visitas más al registro civil, una para subir el libro de la planta cuarta a la quinta, y otra para recoger ya el libro con todo todito todo. Y claro, luego ir a renovar el pasaporte de marras.

Le pidieron sus datos, y cuando le pidieron el teléfono, Juan pensó que era para avisarle cuando recibiesen el libro, para que pasase a buscarlo. Su ilusión se desvaneció cuando le ofrecieron después un sobre en el que tuvo que escribir su dirección. “¿No me avisarán por teléfono, para acudir lo antes posible?”. “No”. Seguramente, pensó, el aviso telefónico requiere el uso de una tecnología demasiado innovadora para los funcionarios del Registo Civil Único de Madrid. De todos modos, si no piensan usar el teléfono, ¿para qué lo piden?.

De vuelta al trabajo, Juan seguía rumiando el tema. Desde luego, cuando consiguiese el libro de marras, lo iba a guardar como oro en paño. Mucha bombo con la AE, pero en la realidad el papel es el papel. Pensó que para el próximo viaje, cuando tuviese que ir a recoger el libro, se iba a meter antes un buen cocido para el cuerpo, para que tuviese pleno sentido su aventura con la Administración de los garbanzos.