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Una cuestión de confianza

Martes, 6 mayo, 2008

“Zutanito, ¿puedes venir?. Tengo que hablar contigo”.

“Zutanito, como sabrás me acaban de confirmar en mi cargo de Director General. Ya hace un tiempo que nuestras relaciones no son buenas, así que quería comunicarte que con fecha de hoy decido prescindir de tus servicios. Mucha suerte y gracias”.

Eso es todo. Ni una razón ni una argumentación. Ninguna referencia la capacidad o dedicación, al desempeño de las funciones o a la mejor o peor actitud respecto al trabajo o a los compañeros.

No se trata de un Ministro hablando con un Secretario de Estado. Se trata de un Director General de un Organismo Público de la Administración del Estado (Licenciado y TAC) hablando con el Subdirector General de Informática de ese Organismo (Ingeniero y TIC). La escena tiene lugar en Madrid tras las elecciones de marzo.

Sé que Zutanito, que llevaba ya seis años desempeñando ese puesto, tenia entre manos proyectos verdaderamente innovadores, apoyados en tecnologías punteras, para dar mejores servicios a los usuarios. Sé también que el Director General, nombrado hace dos años, estaba sin embargo “… detectando algunos desfases entre las posibilidades generadas tecnológicamente y el conocimiento y capacidad de utilización que se tiene de ellas” … “El reto fundamental inmediato es por tanto consolidar lo avanzado en estos últimos tiempos y favorecer su buena utilización, “formando” a empleados, e “informando” a los usuarios, hasta optimizar efectivamente los recursos disponibles.”

En otras palabras, nuestro licenciado, detecta excesivo avance tecnológico, y poca utilización de las posibilidades que ofrece, y decide, lógicamente, prescindir del innovador Ingeniero responsable de ello.

Y además, con un pésimo aliño de este plato de mal gusto que es el despido, que acertadamente refleja Pilar Jericó en su blog.

Conozco algunas historias más de éstas, y seguro que muchos de nuestros lectores también.

Luego dicen que porqué no puede avanzar la Administración desde dentro…

10 comentarios leave one →
  1. Morgana permalink
    Martes, 6 mayo, 2008 7:43 pm

    A quien tenían que cesar es a ese incompetente

    De igual manera que creo que el procedimiento de libre designación debe controrlarse, debiendose justificar debidamente las razones del nombramiento, y del rechazo de los otros candidatos, pudiéndose recurrir tales decisiones ante los tribunales, asi mismo debería tener que justificarse los ceses.

  2. Martes, 6 mayo, 2008 8:01 pm

    Quien se adelanta al futuro le toca esperar en posiciones muy incómodas.
    El mundo es de los que se adaptan al entorno aunque sean mortalmente anodinos.

  3. Morgana permalink
    Miércoles, 7 mayo, 2008 5:12 am

    Me estaba acordando de la versión más fea de un cese que he visto en mis años administrativos:

    El cesado es un 29 encargado de las cosas de informática, funcionando como un subdirector. Tras una remodelación pasa a depender de director general a quien estas cosas de los ordenadores le interesan tanto como a mi el futbol, asi que decide encasquetarselo a un subdirector, hambriento de competencias, juriiiiiiiiiista (lo de escribir juriiiiiiista con muchas ies me viene de él, que hablaba asi). El juriiiiiiiiiiista, no había usado nunca el teclado de un ordenador, nunca, y estaba muy mosca porque no entendía que era aquello de un sistema operativo, ni porque eran tan necesarias las licencias de esa cosa tan rara. Bueno es igual. El 29 no es que fuera un genio pero tiene poco que ver con la historia. El caso es que empezaron a llevarse muy mal, así que el 30 decide cesarle y lo hace. (subdirector cesando a un 29, el algo que yo nunca más he vuelto a ver). En personal se ponen a buscarle nuevo destino a este 29, pero mientras tanto sigue en esta subdirección, pasándolo bastante mal. Lo repugnante de la historia fue el mes que el 30 le hizo pasar al cesado con amenazas constantes:
    “Te están buscando un 28 para reubicarte, puede ser un 28 bueno o un 28 con poco específico… Depende de ti y de lo que yo hable con los de personal…”

    Repulsivo el juriiiiiiiiiiiiiiista (no TAC sino de esos cuerpos del franquismo, sindicatos verticales o una de esas cosas raras).

  4. Miércoles, 7 mayo, 2008 7:32 am

    Frases que dice el Subdirector al Adjunto que se ha buscado un nuevo destino:

    “Te vas porque yo quiero, porque si yo no quiero de aqui no te mueves…”

    “Espero que al nuevo jefe le demuestres la lealtad que a mi no me has demostrado…”

    La lealtad era a la Corona, ¿no?. Creo que el adjunto no supo ejecutar las reverencias con la presteza suficiente.

    Otra reflexión de un cesado: “ahora me pongo a pensar…..porqué siendo uno de los primeros de aquella oposición a la que nos presentamos 3700 y no habiendo “estafado” me encuentro marcado con el sello de CESADO.
    Esta organización está enferma.”

    Todos sabemos que estas situaciones reflejan un tremendo miedo a la pérdida de poder, el cual usan precisamente para consolidar su status-quo, sin importarles realmente demasiado si las cosas funcionan bien o mal o si se puede hacer algo para mejorarlas. Y es la “capa administrativa” que tiene la sartén por el mango.

    Si me permitís, voy a hacer una crítica al sistema de oposición: permite seleccionar los mejores (o al menos los que mejor lo demuestran) en un ámbito técnico o legal. Pero no permite evaluar la capacidad de gestión y dirección en absoluto. Creo que la selección de los directivos tiene un ámbito huérfano que sólo se ocupa a través de los “Círculos de Poder” o del intrusismo político, ambos inadecuados, por decirlo suavemente, para esta función.

  5. Olga permalink
    Miércoles, 7 mayo, 2008 9:22 am

    “Ninguna referencia la capacidad o dedicación, al desempeño de las funciones o a la mejor o peor actitud respecto al trabajo o a los compañeros.”
    La Administración es política y, ¿desde cuando esos argumentos en política son determinantes para el desempeño de unas funciones?
    La parte positiva del asunto es que se ahorró la típica retahíla de excusas y formalismos falsos, y la tarea de digerirlos que tampoco es poca.

  6. Miércoles, 7 mayo, 2008 11:40 am

    @Olga, según la LOFAGE, tanto los Subdirectores como los Directores Generales deben ser funcionarios (estos últimos con algunas excepciones, siempre debidamente motivadas)

    En el caso que nos ocupa ambos eran funcionarios.

    Para mi la Administración no es política. Hay una distinción bastante clara entre el Gobierno Democrático (basado en el
    sistema electoral) y la Administración Pública (basada en los principios de igualdad, mérito y capacidad) y cuya selección de personal no se apoya en las elecciones sino en las oposiciones, bien distintas.

    Estoy de acuerdo contigo en que dar excusas falsas no sirve para nada más que para enguarrinar más aún el acto. De hecho, cuando se llega a una situación de éstas, ya hay muy poco que decir. La cuestión es porqué no se dijo antes.

  7. Miércoles, 7 mayo, 2008 1:37 pm

    Desgraciadamente hay muchos casos como ese Félix. Y así estamos. Son los frenos que no dejan avanzar a la AGE. Por mucho político con ganas que pueda haber o mucho funcionario innovador los que manejan la sarten no quieren que les sobrepase y actúan de esa manera.

  8. Miércoles, 7 mayo, 2008 4:31 pm

    Jajajaja :-DDDD

    Buenísimo, Montaña.

    Se merecía un POST aparte.

    Por cierto, los 3 consejos al DG, ¿son las 3 cartas que tiene que ir preparando para su sucesor? 😉

  9. Morgana permalink
    Miércoles, 7 mayo, 2008 7:27 pm

    Con todo creo que no deberíamos protestar ante los ceses. Si ante los nombramientos. Si un DG, por ejemplo, tiene que cumplir objetivos y cree que los responsables que tiene debajo no van a servirle para ello (porque no se fia de ellos, porque se entienden mal, por lo que sea) para eso está la libre designación: que los cese. Sino, el fracaso en su gestión podría ser excusada con un “como tenía debajo de mi a unos cuantos que me estaban poniendo zancadillas, o que no valían o con los que no me entendía, no pude hacerlo”. Vale que cese.

    Ahora bien: los nombramientos que realice no pueden recaer en cualquiera: el merito y la capacidad son criterios que rigen también para las libres designaciones (aunque la práctica española nos haya hecho creer que no, cosas de nuestro “estado de derecho”, y esa bonita costumbre de hecha la ley hecha la trampa). Los nombramientos deben (deberían) estar debidamente justificados y ser impugnables. No es aceptable, ni creo que constitucional, que para un puesto de Subdirector General en el que pueden presentarse personas con larga experiencia y formación se haga recaer el dedo, tan a menudo, sobre una persona casi recien llegada a la Administración, sin experiencia fuera de ella, e incluso con una formación académica ajena al cometido de su subdirección. Ojo: pertenecer al mismo cuerpo que el DG o que el Subsecretario o Secretario General no es un mérito, creo, en nuestro ordenamiento jurídico. Ser amigo tampoco. Por este procedimiento se han hecho carreras fulgurantes. Y también se ha puesto freno durante décadas a personas mucho más preparadas y con mayores “capacidades”, experiencia, etc.

    Si el que decide el cese o el nombramiento tuviera que justificar los nombramientos y responder de ellos ante los tribunales, no consideraría que parte de las prebendas de su cargo son el coche oficial, el telefono y… unos cuantos puestos para hacer favores con ellos y promocionar a su propio cuerpo administrativo.

    Los nombramientos serían mucho mas serios, y los ceses se producirían por causas justificadas (quizás idificilmente demostrables, pero justificadas, como las que señala Montaña).

  10. batracio permalink
    Jueves, 8 mayo, 2008 2:35 pm

    Siguiendo con la ficción de Montaña,
    ¿y si a Zutanito, precisamente por ser funcionario y tener vocación de servicio público realmente le interesase “resolver problemas y no generarlos”?

    ¿Y si por eso hubiese estado dos largos años peleando por introducir un poquito de cordura en la mezcla de “tecnititis” y “aventurismo político” que dominaba su organización y que llevaba año tras año a derrochar dinero público?

    Aplicaciones y servicios sin uso, o lo que es peor duplicados, portales en el baúl de los recuerdos, desarrollos “megafarolíticos” de resutado incierto, pérdidas de tiempo y energías en competir con otros órganos o entidades de la Administración,…

    También podemos pensar que la conversación entre el Director general y Zutanito se produjo en estos términos:
    “Zutanito, posiblemente me van a confirmar en mi cargo de Director General eventual. Ya hace un tiempo que nuestras relaciones no son buenas, así que quería comunicarte que después de tus dos años de servicios (en adscripción provisional), vas a seguir… en ‘adscripción provisional’…, porque tampoco me da la gana de nombrar a nadie distinto, ni siquiera de tu equipo- quizá pensando, para sus adentros, que si él era una especie de alto cargo eventual, porque no iba a serlo también uno de sus subordinados, por mucha oposición o condición de funcionario de carrera que tuviese-.
    Pero por suerte para Zutanito la ficción concluye con que todavía hay asuntos que resuelve el Derecho.

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