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¡A desinstalar!

Jueves, 12 enero, 2012

Ha llegado el nuevo año y con él muchos buenos propósitos:  adelgazar, comer mejor, el gimnasio, aprender inglés, ser más puntual, … Hace no mucho, @PauloCoelho tuiteaba esta frase: “Deshazte de todo lo que no sea útil, bonito, o divertido“. Buena propuesta, pero en este caso no para “obtener” algo nuevo, sino para “deshacerse” de trastos, cacharros o rémoras de cualquier tipo. En definitiva, una labor de limpieza. El comienzo del nuevo año es sin duda una oportunidad para plantearnos y empezar a llevar a cabo esas labores de limpieza que ponemos las últimas de la lista, pero que cuando terminamos nos hacen sentir mucho mejor.

Los que trabajamos en informática, sabemos también que es una operación muy necesaria. Con el paso del tiempo, nuestros ordenadores se van degradando; los sistemas de ficheros se llenan de programas y archivos; van cada vez van más lentos y cuesta más encontrar algo; tarda mas en encender o apagar; nos damos cuenta que tenemos las cosas dispersas por cuarenta sitios, que para hacer lo mismo tenemos diez programas diferentes y que las diversas cuentas de correo nos inundan y nos consumen todo nuestro tiempo.

En mi trabajo actual estoy coordinando desde hace casi dos años un proyecto que denominamos de “Consolidación de Servidores,  Sistemas, Servicios de Bases de Datos y Servicios Transaccionales“. Creo que es un caso bastante común, y sin entrar en detalles técnicos, querría comentar algunas ideas al respecto.

En primer lugar, la situación es clara y conocida. Un conjunto de equipos, con antigüedades que van entre cinco y diez años, y en ocasiones incluso más, se encuentran prestando servicio de aplicaciones corporativas, algunas de ellas bastante críticas. Por este simple motivo se plantea algunos problemas relacionados con el hardware:

  • El coste de mantenimiento y soporte de estos equipos, cuando es posible (algunas veces no hay ni siquiera repuestos) es muy alto, mucho mayor que si los equipos fuesen nuevos.
  • El riesgo de sufrir un avería aumenta, por el envejecimiento del equipo.
  • Además, cuando la avería sucede (y os aseguro que tarde o temprano, sucede) la reparación es más difícil y lleva más tiempo. Es decir, el tiempo de interrupción del servicio, y por consiguiente su impacto, son mucho mayores.

Estos son problemas relacionados directamente con el hardware, pero hay otros: generalmente estos equipos se instalaron en su momento con las últimas versiones de sistema operativo y con las últimas versiones de los gestores de bases de datos o motores transaccionales. Pero con el paso del tiempo esas versiones se han quedado anticuadas, y o bien no hay versiones nuevas para la plataforma hardware, o bien la aplicación está acoplada a la versión de software y no puede evolucionar sin un rediseño importante.

Así que, al problema de la obsolescencia hardware, tenemos que sumar el problema de la obsolescencia software, el cual es muchas veces más difícil de detectar y evaluar y mucho más lento y costoso de solucionar.

Pero aún existe un tercer problema, que es todavía más difícil de resolver que los anteriores. Y es el hecho de que cuando se inicia un proyecto se planifica su concepción, su desarrollo, su implantación, a veces incluso su explotación… pero su finalización, cierre y sustitución, seamos sinceros, nunca se planifica. Consecuencia: los recursos necesarios para llevar a cabo las labores de consolidación, sustitución, migración y limpieza, no existen, o en el mejor de los casos, son los recursos residuales que quedan después de haber hecho todo lo importante y urgente y poner en marcha las nuevas aplicaciones y servicios que nos demanda el negocio.

Los proyectos de consolidación, generalmente, se venden con muchas dificultades. De cara a la organización, no aportan (aparentemente) nada nuevo. Como mucho, se puede argumentar los ahorros en mantenimiento (y quizás en consumo energético) pero ahí queda todo: no hay efecto tractor de novedades tecnológicas que podamos exhibir con orgullo.

Además se trata de proyectos complicados, pues requieren la intervención de mucha gente. Como se trata de sistemas que están en explotación, las intervenciones y las pruebas hay que hacerlas con mucho cuidado.

Y para colmo, como se trata de sistemas antiguos, es posible que los desarrolladores del mismo, los que conocen cómo fué hecho, ya no estén en la compañía, lo que dificulta mucho las modificaciones a realizar. Y también es posible que, debido a su antiguedad, los sistemas y aplicaciones no estén lo suficientemente documentados.

La tendencia natural, lo que nos pide el cuerpo, es no hacer nada: “si funciona, no lo toques“. Por eso, a veces, es beneficioso que suceda algún incidente, siempre que no sea grave, por supuesto. El incidente hace que “veamos las orejas al lobo” y nos da una palanca con la que convencer al que toma las decisiones de la necesidad de abordar el proyecto de consolidación.

En esa labor de marketing interno de este tipo de proyectos, es importante resaltar las ventajas que proporciona:

  • Ahorros directos en mantenimiento y soporte de hardware y software
  • Ahorros energéticos del consumo de los equipos y de la huella energética que generan
  • Aumento de la fiabilidad y disponibilidad de los servicios
  • Documentación de los sistemas y aplicaciones, lo que mejora su mantenibilidad
  • Actualización tecnológica, lo que permite el estudio y evolución hacia soluciones tecnológicas modernas (entre las que se incluyen la virtualización y el cloud computing)

Además, una operación de revisión de sistemas antiguos, necesaria con carácter previo a la planificación del proyecto, permite descubrir un número muchas veces inesperado de sistemas o aplicaciones sin uso, guardadas ahí “por si acaso”, de los cuales nos podemos deshacer “oficialmente”, lo que contribuye también al éxito de la operación de adelgazamiento de las TI.

A la hora de ejecutar este tipo de proyectos, y precisamente por su carácter poco vistoso, es importante fijarse objetivos concretos alcanzables a lo largo del tiempo. Alguno de ellos puede ser, por ejemplo, conseguir sacar todos los servicios de una máquina antigua, y tras lo cual, apagarla. Como si de una botadura se tratase, ¡es un buen momento para celebrarlo con cava!.

En pocas palabras, las operaciones de consolidación y limpieza en “la retaguardia”, poco agradecidas, son sin embargo necesarias para soltar lastre, tomar agilidad y prepararnos para la evolución de los servicios que, de otro modo, no podríamos hacer.

No quisiera terminar el artículo sin enlazar estas operaciones de limpieza y adelgazamiento con el concepto de Lean IT, actualmente muy de moda para tener unas TI optimizadas y esbeltas, y que promete los siguientes beneficios:

  • Incrementar la satisfacción del cliente/usuario
  • Reducir los costes de TI
  • Aumentar la productividad
  • Reducir el tiempo para implementar los cambios
  • Aumentar la capacidad para gestionar la demanda
Pero aplicar Lean IT es mucho más que desinstalar o consolidar. Ya hablaremos de ello en próximos artículos.
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