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Gobernanza

La difusa frontera entre lo público y lo privado

ying-yangContinuando con mi serie de artículos sobre dualidades (Hombre-Máquina, TDT-Internet) voy a abordar ahora una dualidad de mayor alcance, al menos en la coyuntura mediática y también personal: la difusa frontera entre lo público y lo privado.

La tesis es sencilla: al contrario de lo que la teoría binaria postula, la descomposición de la estructura social en pública y privada es no sólo difusa sino también variable, y un tanto equívoca, a la vista de las opiniones que se vierten en la red, y que luego comentaremos.

A primera vista, todos tenemos bastante claro el concepto de lo público: aquello que es de todos, y que no puede por tanto ser limitado en su uso y disfrute salvo precisamente para asegurar esa condición comunitaria. El rincón del vago acude a una definición propia algo más formal: “Ámbito, en el cual, la colectividad tiene la facultad o prerrogativa de realizar actividades, cualesquiera que estas sean, sin poder nadie perteneciente a esta, abrogarse ningún tipo de pretensiones sobre estas” en contraposición a lo privado (ésta retocada por mí): “Ámbito, en el cual, las personas, (y por extensión, empresas u organizaciones) desarrollan actividades arbitrarias que sólo conciernen a su individualidad, y cuya única restricción, esta basada en la no – intervención o interferencia en las libertades individuales de otro y en las leyes, …”

Sería curioso aplicar estas deficiones a algunas instancias del mundo real. Así por ejemplo Internet sería un ámbito público, tanto como lo puede ser el aire que respiramos, aunque evidentemente esté manejado por manos privadas, y sin embargo los partidos políticos serían ámbitos privados, pues aunque pretenden orientarse a la gestión de lo público, son principalmente opacos y por supuesto gestionados con normas propias no sujetas al escrutinio público.

Cuando he preparado este artículo, he encontrado un interesante articulo de José Manuel Ruano de la Fuente titulado La gobernanza como forma de acción pública y como concepto analítico, de la que extraigo algunos párrafos:

La teoría de la gobernanza se distingue de otras teorías en que no sitúa las demandas (necesidades) en la sociedad, y las capacidades en los gobiernos. Por el contrario, necesidades y capacidades, en sus tensiones (dinámica de interacciones), pautas (complejidades e interdependencias) y actores (diversidad de significados e interpretaciones) pueden contemplarse al mismo tiempo como elementos sociales y políticos, públicos y privados, sociales y estatales en sus mutuas interdependencias.

Como resultado de la idea anterior, Metcalfe y Richards (1990) se refieren a la gestión pública como a un macroproceso que tiene que ver con el cambio y, concretamente, con el cambio estructural. El nuevo enfoque de la gestión pública consiste, en fin , en un proceso tendente a lograr la cooperación entre organizaciones en unas circunstancias en que el marco tradicional de las políticas públicas y la cooperación interorganizativa se ponen en cuestión. Es esta tarea la que no tiene parangón en el mundo privado, lo que pone al descubierto la limitación de la aplicación de las técnicas de gestión privada al ámbito público.

Vemos por tanto que la frontera pública-privada es no sólo difusa sino dinámica y adaptable, y que admite enfoques y matices diferentes, y es siempre objeto de debate precisamente por ese multifacetismo.

En recientes comentarios a un post de Oscar Cortés, ¿La Administración abre la puerta a los directivos?, (sobre el que reflexiona Rutilio Alonso en La Administración tiene el reto de profesionalizar sus recursos humanos ) yo criticaba la simplista aproximación a la gestión directiva de las Administraciones partiendo de la incorporación de profesionales directivos privados para aplicar esas técnicas de empresa en las organizaciones públicas. No me cabe duda de que las Administraciones tienen que modificarse profundamente para seguir cumpliendo eficazmente su función, pero esto no se va a conseguir por el simple procedimiento de mover esa frontera entre lo público y lo privado, hacia la gestión pública por métodos privados. Por cierto, para tener otra visión en clave de humor (pero seriamente) sobre la gestión directiva pública, podéis leeros la Parábola de la función directiva (y Función directiva. Parábola dos ) de Morgana.

No sólo eso, sino que determinadas organizaciones se mueven en un ámbito público-privado difuso y con las cuales no sabemos muy bien qué reglas de juego aplicar. Es el caso de red.es, mentada precisamente en el artículo de cinco días La Administracion abre la puerta a sus directivos y de las televisiones públicas, que comenta igualmente Óscar en Política y gestión pública: juntos pero no revueltos, en base al artículo de Expansión El PSOE quiere quitar poder político a la televisión pública. Como muy bien pone de manifiesto Oscar, estas organizaciones son un ejemplo de contradicción y despilfarro en las que se dan numerosos problemas, como son, no sólo el control político de las mismas, desvirtuando su principal misión de servicio público y desmotivando a sus trabajadores, sino también una confusa financiación en la que a pesar de la machacona publicidad que incluyen, en directa competencia con las cadenas privadas, encima acaban generando siempre déficit que tiene que ser enjugado por los presupuestos públicos.

No voy a terminar este post sin hacer una última reflexión sobre la necesaria reforma de la Administración. En el post de Rafa Chamorro La reforma de la Administración: la asignatura pendiente, se hace eco de un artículo de Joan Subirats publicado en El País del cual extraigo una significativa frase:

Lo peor de las reformas administrativas es cuando las mismas se convierten en procesos estrictamente de ingeniería organizacional o procedimental, o en un buen bocado para consultores y expertos de todo tipo. En muchos de esos casos, los problemas derivan de que seguimos manteniendo una visión jerárquica y especializada de la acción de gobierno y por ende, de la labor de gestión y administración. Mientras, la falta de funcionalidad de algunas políticas públicas, sus desajustes y la falta de información fiable sobre los resultados que consiguen, hace seguir creciendo la erosión que sufren los poderes públicos en algo tan importante para su actuación como es la legitimidad.

Efectivamente, pero eso es lo que pasa cuando ponemos a las organizaciones privadas a decidir sobre el funcionamiento de las organizaciones públicas.

Bueno os dejo, que voy a ver si Zapatero, que está a punto de nombrar el nuevo gobierno, arregla la Administración para poder arreglar el país o deja sin arreglar la Administración, con la excusa de tener que arreglar el país 😉